domingo, 11 de marzo de 2012

Aburrimiento

Nací aburrido. Es un hecho. Por más vueltas que le deis y por mucho que me insistáis, no hay manera. Soy aburrido. Y seré aburrido todo mi vida.

No es que no quiera cambiar. Es que me gusta ser así. Me gusta mirar el mundo desde la barrera. Me gusta estar sin hacer nada. Sin sentir nada. Sin comprometerme con nada. Ni con nadie. Ni siquiera conmigo mismo.

El único compromiso que mantengo es ser aburrido. Serlo hasta que me muera. Y procuraré morirme aburriéndome.

Me gusta levantarme y mirar esa cara de aburrido que tengo. Me gusta holgazanear con esa sensación de duermevela, en la que no estás ni demasiado despierto ni demasiado dormido. Un intermedio. Como toda mi vida. Un intermedio entre mi primera no-existencia y mi próxima muerte.

Si por mí fuera, estaría todo el día durmiendo. Pero claro, físicamente es imposible. Mi cuerpo se despierta, y yo no puedo imponer mi voluntad. Hago lo que puedo. Y eso que puedo es suficiente como para que en mi vida no haya sobresaltos.

No hay alegría, pero tampoco hay dolor. No hay amor, pero tampoco hay desamor. No hay riesgo. Sí hay felicidad. Una felicidad inmensa porque estoy seguro, casi completamente seguro, de que mi día de hoy será igual que el de mañana, y del de dentro de diez años también.

Y sobre todo, he tenido, tengo y tendré un compañero fiel y leal. Alguien que nunca me abandonará. Alguien que me llena de satisfacción y de orgullo, y alguien que me acompañará en todos y cada uno de los momentos en que yo vaya dejando de respirar.

¿Cuántos podéis decir lo mismo?...

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi querida Electra:

He enloquecido repentinamente o tu escrito es un completo desvarío oambas cosas a la vez. Así que naciste aburrida y no haces, ni sientes, ni padeces. Y eso lo dices tú, tan tranquila, sin inmutarte. Te declaras holgazana y somnolienta, indiferente a todo, incapaz de cualquier esfuerzo, de sentir una inquietud, de asumir un riesgo. Eso sí, también te declaras feliz.¿Y nosotros, tus lectores, hemos de creer todo esto? No hay un ápice de realidad en cuanto dices.

En relación con el escrito anterior, te diré que puede que sí, que seas algo vagabunda. Vagabunda de mente y espíritu, pues nunca llegas (ni llegarás) a una estabilidad que "fije", en alguna medida, tu ser. Al menos, mientras no explores otros caminos que tienes abandonados y de los que nunca hablas.

Que escribas pensando algo en mí, aunque sea para confundirme, me produce satisfacción, alegría y también, no me importa decirlo, orgullo.

Electra dijo...

Mi querido anónimo,
no has enloquecido, ni yo estoy desvariando. Lo que escribo no implica necesariamente que sea parte de mí. O sí, quién sabe, ya que escribir, lo escribo...
Hay veces que soy aburrida, y hay veces que estoy aburrida. Y hay muchos días que observo a mucha gente aburrida...
Y en realidad, el aburrimiento tiene mucho que ver con el vagabundeo, o no?

Anónimo dijo...

Mi querida Electra:

Lo escribes tú, pero quizás no se refiera a ti, aunque pudiera ser. Bien. Vale. Yo seré más concreto. No eres aburrida, ni lo has sido nunca, ni podrías serlo, aunque quisieras. Podrás estar aburrida en un momento dado, pero eso es otra cosa. Es estar, no ser. Sí estoy de acuerdo contigo en que hay muchas personas que lo son. Aburridos, anodinos, forman parte de un universo gris, homogéneo, cómodo y que nada dice. Sin embargo, pueden ser felices, pues pocas inquietudes tienen y, por tanto, es fácil que las satisfagan. En la parábola de los talentos, de los Evangelios, corresponderían al que recibió uno y nada hizo con él. No porque fuera poco, sino porque es más cómodo. Tú recibiste cinco y los estás trabajando y producen y producirán, pero no sin esfuerzo. Tus inquietudes son muchas, pero se verán cumplidas y satisfechas.

Podrás, si quieres, considerarte vagabunda, en el sentido de vagar, inquieta, en busca de tus metas. Pero, en todo caso, a diferencia de como lo define la RAE, tu vagabundeo tiene lugar por los terrenos de la excelencia.

Xenxo dijo...

Yo también procuro tener mis emociones estables, pero no me prohíbo sentir. También me gusta dormir, y créeme que el alargar la duermevela de los sábados y domingos es una de mis mayores aficiones y una de las costumbres que más reposo produce a mi cuerpo y mente. Reconozco que me da serenidad tener anclajes a lo largo del día, aspectos, costumbres y rutinas que me dan confianza de saber que los pasos son generalmente iguales aunque irremediablemente distintos (el río vuelve siempre al mismo sitio pero nunca te devuelve el mismo agua). Pero los días no serán nunca iguales ni jamás estaremos completamente protegidos frente a la adversidad, frente a la cruz que está indisociablemente unida a la cara de los placeres y goces de la vida. Por eso creo que nos tenemos que acercar a nuestros temores del mismo modo que ahora descubren que hay que aproximarse a la enfermedad: no como algo ajeno a nosotros que ha traído el destino para dañarnos y de lo que queremos deshacernos, sino como algo consustancial a nosotros que por algún motivo se ha desestabilizado y que necesita mayores atenciones y cuidados. Que el temor no te paralice, muchos nos arrepentimos de lo que no nos atrevimos a realizar en algún momento, la filosofía debería enseñarnos a no arrepentirnos jamás.

Electra dijo...

Hola Xenxo, muchas gracias por tus palabras.
Suscribo completamente lo de acercarse a nuestros temores, sin barreras, sin cerrar los ojos ni de medio lado. De frente, por alguna razón están, y algún aprendizaje traerán.
Y qué fácil es decirlo y qué difícil hacerlo...